miércoles, 7 de diciembre de 2016

¡BIP BIP!

Cuando la información taurina brilla por su ausencia en el puente de diciembre, en pleno descanso taurino europeo, llega otra vez Antonio Lorca con algo que no venía al cuento.

Nunca he querido opinar nada de Lorca, pero hoy me duele hasta su apellido. Antonio, que siempre se ha caracterizado por no tener pelos en la lengua y contar las cosas sin tapujos, parece empeñado ahora en cargarse la fiesta de los toros.

Una cosa es la crítica constructiva, la que da palos cuando las cosas se hacen mal, o se intuye que se pueden hacer mejor; o la que deja los sentimientos a flor de piel cuando la emoción desborda al crítico, y otra la crítica de tanatorio. El que habla y escribe de toros tiene que tener como base la afición. Pese a todo, todos queremos esta fiesta, y nuestra afición se sostiene en amarla y respetarla y ser fieles a ella. Pero Antonio Lorca, con su artículo empecinado en bajar a la tauromaquia al décimo escalón de masas ha roto los votos del matrimonio con la afición y quiere que la muerte le separe de ella.

Algún día sabremos si Antonio ha sucumbido ante el ejecito de anti taurinos con sede en la redacción del diario El País y se ha unido a ellos por una bolsa de monedas.

De momento ha quedado como el Coyote con el correcaminos. Sus artículos marca ACME no hay por dónde cogerlos. Este último se lleva la palma de oro.

Qué pena quedar como Judas cuando se ha tenido la oportunidad de ser Dios. Allá él y su conciencia.

Fran Pérez @frantrapiotoros

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